Células madre adultas
Si un tejido del cuerpo está lesionado, las células madre se dirigen al sitio dañado y establecen (organizan) el proceso de curación. Pero también los procesos cotidianos del cuerpo humano dependen de la función de las células madre: Así, los glóbulos rojos sobreviven sólo alrededor de 120 a 130 días, después son demasiado viejos, ya no pueden transportar suficiente oxígeno y deben ser reemplazados.

Esto lo realizan las células madre hematopoyéticas, es decir formadoras de sangre, que se encuentran en la médula ósea. Según cálculos teóricos, por minuto se forman alrededor de 350 millones de glóbulos rojos nuevos. Pero también la mayoría de las demás células del cuerpo se reemplazan regularmente: Las células hepáticas después de 10 a 15 días, los glóbulos blancos después de 1 a 3 días. Por lo tanto, teóricamente el cuerpo tiene su propio sistema de reparación siempre consigo.
Cómo funcionan las células madre adultas
Aún no está totalmente claro de qué manera las células madre de la médula ósea contribuyen a la curación. Durante mucho tiempo se supuso que las células madre simplemente reemplazaban a las células defectuosas. En cierta medida parece ser así, sin embargo la investigación ha mostrado en los últimos años que las células madre con mucha mayor frecuencia estimulan el tejido enfermo a la curación y no se ocupan de un reemplazo completo.

Liberan factores o señales que estimulan las células dañadas y principalmente también las células todavía sanas, y de esta manera fortalecen todo el tejido, como por ejemplo un músculo cardíaco. Los investigadores suponen que los factores o señales liberados dan la señal de inicio para la regeneración endógena. Ponen en marcha procesos que actúan inhibiendo la inflamación o estimulando el riego sanguíneo al inducir, por ejemplo, el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos.


